Se desdoblan esquinas en la luz.

Un arco de deseo se abre,

diapasón desafinado

que roza el envés de esta noche.

Ahora y aquí dejan de ser.

La veleta anclada sin el viento,

firme en el aire, como dicen

se clavan las gaviotas en el sur.

Con el viento.

En el aire.

Es otra vez la mano tocando

el papel, desvelando misterios,

historia oculta que duerme en su trama,

en  poros que fijan la tinta.

Busca el hambre, el apetito

de quien come y disfruta.

Las esquinas

de la noche desdobladas,

y un cansancio repentino

hace temblar las rodillas.

El temor

derrama su melodía de prudencia.

No tengas prisa, ve despacio. Puede

que el tiempo

también habite el  más allá.

 

*
 

Ciñes a tu dedo una espiral de agua

que se enreda en la luz limpia

de una mañana sin matices.

Serpentea,

como voz dormida sobre la piel

que se estremece con la caricia

recordada de otros amaneceres

tal vez mas dichosos.

Engañas,

sucumbes a la voz adormecida

que pide, insinuante,

que continúes inerme,

vencidas las murallas

que con tesón levantó tu carne.

Giras ahora el ojo,

volteas tu visión real

de la falsa realidad.

Una espiral de agua

repta por el dedo anular

y su tacto no es frío,

no de reptil amenazante.

Sugiere la huida frenética

del calor de la rutina, del olor

de los días conocidos que dejan

un regusto rancio al paladar.

Las palabras

huyen como bandas organizadas

en alas de reencontradas golondrinas.

Absurdo es.

Gira el torbellino de lágrimas

tan abandonadas

que sorprende su color de objeto,

de materia bella

sin la que poder sobrevivir.

 

                           

 

                            Adela Sainz Abascal